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La Negra

Para quien tenga prisa, va la versión sintética de mi recorrido vital, pero si quieres conocerme un poco más ¡léelo todo!

Soy profesora de Danza Duende International School.

Bailarina. Profesora de Danza. Creativa. Creadora de rituales de feminidad y rituales de paso en general. Co-creadora de “La morada de las féminas” y “Thelys rituales para la vida”. Co-creadora de la Asociación “La Flecha”. He hecho muchas cosas en mi vida y muchas tienen que ver con la danza y la comunicación.  

Soy madre y por eso sé sobre la vida. Fui hija y por eso sé sobre la muerte.

    

Siempre me interesó comunicarme. A través del cuerpo, escribiendo, practicando Teatro, Fotografía… Bailo desde chiquita. A los veintipocos encontré la Danza del Vientre. Estudié en Buenos Aires en “Neo Baladi”, escuela de Paula Lena. Me fascinó ese mundo de mujeres y esta danza se instaló en mí. Me trasladé a Barcelona a los 28 años (en el año 2000) y se afianzó mi carrera profesional como bailarina y profesora de Danza Oriental (o Danza del Vientre). No obstante, nunca encajé demasiado en el mundo de esta danza. Ni por estética, ni por el gusto musical, ni por la energía imperante en festivales y talleres… Sentirme “rara” me incomodaba, tampoco sabía ni podía revertir la situación. También en la misma época, tuve la fortuna de estudiar con grandes maestros como Shokry Mohamed, aún así seguía buscando…

Conocí a Yumma Mudra (tenía otro nombre en ese momento) en el año 2004 en la escuela – casa – de Shokry, él ya me había hablado mucho de ésta artista e insistía en que la conociera. También me habló de las particularidades o diferencias de mi danza con respecto a lo habitual. No entendí su mensaje. 

Conocer a Yumma fue acabar de romper con algo, de romperme, tal vez. En el primer taller al que asistí, tuve náuceas, incomodidad, tristeza y desasosiego. Pero su risa y el brillo de sus enormes ojos me invitaban a seguir… Yumma estaba empezando a manifestar “su obra maestra” que es la creación de la Red y Escuela Danza Duende Network. Eran los albores, las primeras pinceladas de unas enseñanzas que cambiarían mi danza y mi vida para siempre. Comencé mi formación en Danza Duende en el mismo año (2004) y en ese retiro en Lalita encontré a personas clave en mi camino personal: Cristina Manrique, Leire Bolumburu, Luchy López, Liliane Viegas… Ésa primera experiencia abrió las compuertas -literalmente- de todas las emociones contenidas durante años de distracción y supervivencia. A la vez que me ofreció herramientas técnicas preciosas como tesoros, en relación a la danza y al uso consciente e inteligente del espacio. También recobré una dimensión poética en relación a la Vida y sus manifestaciones más sagradas y simples. Ésa degustación poética que desvela la experiencia cotidiana como la maravilla que és. Tuve padres que tenían esa capacidad. Sobre todo mi viejo cuando, sentado durante horas en la galería (porche) de la casa vieja del campo, contemplaba fascinado ése mundo en su esplendor. No sé en qué parte del trayecto yo había entumecido esa mirada contemplativa tan familiar… 

Pero mi flecha ya estaba disparada. Sin prisas y apenas pausas, seguí éste viaje sinfín que es la vivencia de la Danza como Camino de Sabiduría. 

Soy profesora de Danza Duende. He producido y creado infinidad de obras y eventos artísticos, sola y en colaboración con artistas y personas fascinantes. Comparto camino con algunas personas que ya nombré y también tuve la fortuna de encontrar a Laura Orsina y Desirée García Miras con quienes trabajo y crezco. Mis alumnas merecen un capítulo aparte, pero éste no es el contexto adecuado. Sólo siento un profundo agradecimiento a todas aquellas que siguen conmigo después de tantos años y a las que se fueron y siguieron su camino. Ellas me enseñan mis fortalezas y sobre todo me ayudan a transformar lo necesario. Son mi espejo y termómetro. Maestras. 

Mis tres grandes pasiones y especialidades son: El mundo de la mujer y el estudio profundo de la energía femenina; La improvisación como herramienta de conocimiento; La celebración de rituales. Éstos tres mundos con sus matices, se van nutriendo y mezclando todo el tiempo, por supuesto, como la vida y el hilo conductor mágico es la danza, el movimiento. 

La práctica vital que es la danza para mi, me ha permitido: atravesar mis miedos; asumirme con mis monstruos y maravillas; sostener en estado de amor incondicional situaciones difíciles; mirar mis tendencias miserables a la cara y echarle huevos a la vida. Aún tengo mucho camino por recorrer ¡este viaje promete!